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La bola de fuego que mató a Sergio en Tarragona: Una tapa de una tonelada que voló 2,5 kilómetros por la explosión

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Sergio era un hombre conocido en Torreforta. Aún no había cumplido los 60 años. Hasta que la crisis le obligó a bajar la persiana, había regentado una frutería en este populoso barrio de Tarragona, con más de 8.000 vecinos, crecido en los años setenta del siglo pasado con el desarrollo económico que, precisamente, procuró la implantación en la zona de varias de las principales compañías químicas mundiales. Los bloques de pisos que inundan el barrio, igual que en los cercanos Camp Clar y Bonavista, dibujan una miniciudad, a 2,5 kilómetros del principal polígono petroquímico del sur de Europa.Seguir leyendo.

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